Minipágina de Cziffra

Me decidí por el nick Cziffra porque soy pianista. Me he arrepentido de la frase anterior casi cada vez que la he dicho. Y es que, para la mayoría de la gente, ser pianista es ser una mezcla entre Richard Clayderman y el chafateclas de "Cine de Barrio". Es por ello que ruego que olvidéis el motivo de mi nick si el piano no es para vosotros más que un mueble negro de sonrisa mellada.

Mi vida fue aburrida e insulsa hasta que terminé C.O.U, hace ya bastantes más años de los que me gustaría, pero desde entonces ha sido un novelón. Yo fui uno de los pocos afortunados que sirvió como conejillo de indias al Estado en aquel esperpento educativo llamado R.E.M. Afortunado porque, cuando pensaba que no se podía educar peor, llegó la L.O.G.S.E. para refutarme la idea. Armado con tamaño conocimiento me di en arrivar a la Universidad de Zaragoza, que me pillaba cerca por vivir yo en esa ciudad, con la sana intención de cursar Medicina. Sin embargo, debido por una parte a la alta demografía femenina de esa carrera, que me hacía despistarme más de lo que es común en mí, y, por otra, a mi pronta palidez ante la vista de la sangre, decidí abandonar esa licenciatura. La decepción en mi ámbito familiar fue enorme. Y comprensible: apenas me quedaban 6 años para licenciarme. Torné la vista hacia terrenos más masculinamente poblados que evitaran mi permanente hinopia. Y allí apareció la física. También ayudó a mi elección la lectura de una autobiografía de Richard P. Feynman. Ya el primer mes me di cuenta de que aquello no iba a ser fácil. Yo parecía ser el único alumno que no había oído en su vida la palabra Bolzano. El apellido Weierstrass me sonaba (me suena) a Guillermo Tell. A mi alrededor, los geniecillos de la tradición B.U.P. movían la cabeza verticalmente entre murmullos de aprobación. La vida me dio el secreto y sádico placer de ver cómo algunos, dormidos en laureles del pasado, no se espabilaron a tiempo y se quedaron en primero unos cuantos años. Por mi parte, fue tal mi pavor ante lo desconocido, que me puse a estudiar como si estuviera prohibido, haciendo vida monástica y practicando el sexo con la misma frecuencia de siempre: nunca. Eso (el estudio, no la ausencia de sexo) hizo que mis notas de primero no fueran del todo malas y pasé a segundo.

Por aquel entonces, mi fiebre pianística estaba en su apogeo y me pasaba unas ocho horas al día en el teclado. Otras doce horas las llenaba con la física, viajes a la universidad, repartir pizzas en moto, enseñar piano, comer, descomer... Todavía me quedaban cuatro horas diarias que no sabía en qué ocupar, así que las dedicaba a dormir. Estando en segundo, conocí a mi novia, que entonces, claro, no lo era. Ni yo lo sospechaba, porque era el tipo de mujer que supera todas las espectativas. Con mi innato encanto personal, y decidido a no dejar pasar una oportunidad como aquella, en tan solo dos años conseguí el ansiado sí. Ahora que tenía la respuesta, sólo me faltaba formular la pregunta adecuada. Desde entonces estamos juntos. Eso fue hace cinco años, mi primera y (espero) última novia. Soy todo un Don Juan.

Un día, no hace tanto, me desperté y descubrí que ya era licenciado. Había tardado dos años más de lo previsto, dos años durante los cuales me embarqué en concursos de piano quasi doquiera y en recitales cuando me los ofrecían. Casi siempre, tocando gratis, claro: el arte no se paga. No me fue tan mal. Me dieron cuatro premios en diferentes concursos: Lérida, Manresa, San Sebastián y mi Zaragoza querida. Mi último estertor como pianista fue en Oporto. Di un recital allí y al terminar, un pianista belga, discípulo en su día de Claudio Arrau, me dio inestimables consejos, además de felicitarme. Es uno de esos momentos en la vida de toda persona en los que se abren los cielos y suenan los coros de ángeles. Después volví a Zaragoza y me vi sin un duro, con una licenciatura que no me hacía sentir más listo o más rico. No obstante, y como mal menor, tengo la impresión de que mis padres se sintieron realizados. Habían puesto todas sus ilusiones en mí, tal vez debido a que soy hijo único. Siempré pensé que les habría salido más barato tener otro hijo y volver a intentarlo. En fin...

Así las cosas, y viendo el cariz que estaba tomando el país en lo que respecta a recién licenciados pensé que estaba perdiendo el tiempo preparando entrevistas, que lo que yo de verdad quería era hacer física y pasar de la gente. Sentía los buitres volando en círculos sobre mi cabeza y preguntando quién da la vez. Veía a compañeros de licenciatura, con expedientes más que aceptables, perder los mejores años de su vida programando estúpidas aplicaciones para bancos, horario 9 a 5, y acuérdese Vd. de fichar al salir. Yo no veía la física por ninguna parte. Y me dije que maricón el último.

Me planté en Escocia el 31 de julio de 2002, en lo que se ha convertido en una de las fechas más importantes de mi vida: aquel día dejer de ser residente en España para siempre (aunque, ya se sabe, nunca digas de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre). También es la fecha en la que, en 1886, murió en Weimar Franz Liszt. Comencé a trabajar en un hotel cerca de Perth. Llovía a menudo y me pasaba los ratos libres en mi habitación, hojeando libros de física, garabateando problemas y escuchando Don Giovanni. En Septiembre pensé que las universidades ya debían estar en marcha y empecé a buscar becas para hacer mi Ph.D. en cualquier sitio que no fuera España. Tardé una semana en encontrar beca. Supongo que los habituales del canal se econtrarán algún día en situación parecida y a algunos de ellos no les parecerá del todo mal emigrar. Para esos valientes (o no tanto; en realidad, lo que a mí me parece valiente es quedarse en España e intentar obtener una beca que no mueva a risa) dejo aquí un enlace útil.

La beca que me sedujo era un proyecto en superfluidez bidimensional en 3He en la Royal Holloway University of London, donde estoy actualmente. Fue la primera vez que un científico me entrevistó y fue la primera vez que conseguí superar con éxito una entrevista. Tras la entrevista, volví a Escocia y le dije a mi jefe hola, qué tal, a cómo van los finiquitos. Cerramos el acuerdo con lágrimas en los ojos (en mi caso, de alegría; en el suyo, también) y me fui a pasar las Navidades con la familia (turrones El Almendro).

Comencé el doctorado el 13 de enero de 2003. Mi principal duda era y sigue siendo cuánto tardarán en darse cuenta de lo que han contratado. Fue por esa época cuando empecé a frecuentar también el canal #fisica, donde conocí a gente magnífica y donde he aprendido también bastante de todo, física incluída.

Quisiera hacer una buena tesis.

Gracias, pod, por currarte esta web como te la has currado. Gracias también por darme la oportunidad de decir algo sobre mí. Gracias a los demás por los contenidos tan interesantes que han aportado a la web.

Por cierto, me llamo Antonio.

No me gusto a mí mismo.

Deseo morir escuchando las Variaciones Goldberg BWV 988 de Johann Sebastian Bach, en la versión de Glen Gould de 1981.


Chopin: Vals Op. 42 grabación casera
Edimburgo, otoño de 2002. Yo soy el de barba.
Edimburgo, otoño de 2002. Yo soy el de barba.

Qué alegría cuando me dijeron vamos a la cas del Señor.
Qué alegría cuando me dijeron vamos a la cas del Señor.

No sólo de física vive el hombre.
No sólo de física vive el hombre.

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